Ya me cansé de tanto gritar en silencio y no tocar nunca tierra firme. Ya esas sonrisas se vencieron en un mar de tristezas afectuosas, y no tengo nada para vestirme. Estoy desnudo hasta la denudez mental y no puedo hacer más que pensar a dónde iré el día de mañana. Por supuesto que iré solo. Sólo no hay motivos. Bueno, hay motivos; pero no motivos que yo quiera aceptar.
Ahora te veo en la lejanía; en un olvido que nunca fue mío y tampoco tuyo; sólo se nos presentó pero no lo dejamos interactuar con nosotros. Ya no duermo, ni despierto. Mi vigilia constante se convirtió en mi esencia. No encuentro nada qué hacer, nada qué decir, nada para aflorar. Me he enterrado a mí mismo en un aire estático, que no es corriente ni olor. Soy sólo espacio. Materia y espacio indivisible e invisible.
No veo más caminos; sin embargo no puedo caminar. Estoy acostado en un colchón húmedo que me mezcla con la ausencia de otro cuerpo, y que me aísla de almas igual o más dolidas que la mía, para no hacer nada. Son mis fuerzas las que me arrastran hacia tí, y me dicen que no todo está perdido. Mi soledad me acompañará. Mi soledad tiene espíritu y me consuela. Ahora lo entiendo. No es el hombre quien necesita que lo hagan feliz; es el hombre quien se hace feliz a sí mismo al hacer el amor con la soledad, y unir sus almas hasta no quedar heridos.
Y sin terminar, sin comenzar, vuelvo al inicio, a decir lo mismo y a pensar lo mismo. He crecido. He cambiado. No hay qué hacer. Cada recuerdo está en mis sueños y no soñaré más, no recordaré más, y tampoco olvidaré más. Estaré ausente en el presente que es mi esencia. Sólo sigue, mantente constante. Está bien, está mal. Estamos todos, estamos juntos. Estamos separados por un mar infinito, pero estamos juntos. La soledad que ignoras es la soledad que yo acompaño.
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